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miércoles, 20 de marzo de 2013

Obsession livre als obra de Kunst

Dos pequeñas exposiciones delicadas y sorprendentes alrededor de los libros. En la galería Nolan Judin, en el Hof del número 83 de la Potsdamer Str. "Magnificent Obsession - The Love Affair Between Movies And Literature", un proyecto de Matthias Brunner que llegó a Berlín con la Berlinale y estará hasta el 6 de abril. Una expo emocionante que reúne un puñado de películas míticas donde los libros y la literatura están presentes. Las proyecciones en cuatro pantallas, las escenas elegidas, la música, el ritmo final logró compungirme hasta la catarsis, de hecho salí soltando un largo discurso sobre la transmisión del legado libresco y humanista, en fin, cosas que aún pasan y me alegran. La nouvelle vague, por cierto, y algunos americanos, supieron darle la mano desde la modernidad a ese pasado.













Por el viejo barrio judío, en la Sophienstr. 21, también en el Hof, está la sala que Gestalten ha aprovechado al final de su tienda-librería para pequeñas exposiciones. Hasta el 21 de abril estará "Fully Booked: Ink on Paper. An Exhibition of Design and Concepts for New Publications", con estos estudios y diseñadores de los que se muestran algunos trabajos muy interesantes: Bruketa & Zinic, Coralie Bickford-Smith, Daniel Eatock, David Pearson, Double Standards, Erik Kessels, Heimann und Schwantes, Herburg Weiland, Isaac Tobin, Isabelle Vaverka, Jim Tierney, Johanna Fuchs, John Gall, Joost Grootens, Jung & Wenig, L2M3, Leftloft, Made Thought, Nicholas Felton, onestar press, Peter Mendelsund, Prill Vieceli Cremers, Ritator, Sam Ita, Stefan Sagmeister, Studio Laucke Siebein, Three Star Books, Visual Editions, and Zumtobel. Y al hilo de esto han aprovechado para sacar un catálogo con bastante más información y sin embargo muy mal acabado.


viernes, 15 de marzo de 2013

Manual de la Chatrisa


domingo, 10 de marzo de 2013

Bye, bye Mitte



La primera vez que visité Berlín, una de las exposiciones que más me gustó fue en el C/O, el centro de la fotografía en la Oranienburger strasse. La exposición recorría 50 años de trabajo del fotógrafo Thomas Hoepker, sus temáticas y su obsesión por la figura de Muhammad Ali. Pero sin duda, lo que más me impactó fue el espacio expositivo -la antigua sede de la central de correos de Mitte, Imperial Postfuhramt - y la forma tan natural de integrar las exposiciones en convivencia con la evidencia del paso del tiempo en un edificio apenas restaurado.  


Esta semana, después de años de negociaciones y de posibles ubicaciones, la sede del C/O Berlín se traslada al edificio de la Amerika Haus cerca de la estación del Zoo, en Charlottenburg. Se sabe que el edificio de la central de correos -de propiedad privada- se ha vendido a un empresario anónimo que planea levantar un hotel de lujo. Ha sido una semana de despedidas; el punto final a un proyecto en un espacio emblemático. Como colofón la colocación del luminoso del artista Robert Montgomery en el tejado del edificio: All palaces are temporary palaces. 


Y claro, muchos artículos sobre los cambios urbanísticos y especulativos por los que está pasando la ciudad -Mitte está siendo, de momento la gran afectada-, sobre el famoso concepto de la gentrificación, o sobre cuánto queda ya del jugoso lema 'Berlín centro creativo' del que tanto echan mano, cuando les conviene, los políticos. Hay versiones apocalípticas sobre la 'muerte' de lo que Berlín ha significado. Y para otros pocos e ingenuos 'integrados' una versión más positiva que supone que la ciudad está viva, que los proyectos nacen en un sitio, y cambian y se transforman y van a parar a nuevos espacios. En mi caso, ya voy teniendo alguna historia que contar sobre mi 'nueva ciudad' y sobre los cambios de los voy siendo testigo. Y algo bueno: ¡el C/O Berlín ahora estará en mi barrio!

viernes, 1 de marzo de 2013

"Ein Volksfeind" de H. Ibsen en la Schaubühne de Berlin


Había comprado las entradas hace más de un mes, en la última fila, siete euros, porque las obras que se reponen con subtítulos en inglés se agotan siempre muy rápido, a pesar de lo cual la Schaubühne sigue programando poco con subtítulos algo que entiendo como un voto de confianza en la capacidad de aprender alemán de los pobres extranjeros que andamos por aquí. La intención es buena. Pero estamos en Deutschland, Berlin, Charlottenburg, Kurfürstendamm, y representan "Un enemigo del pueblo". Compro antes de entrar la pequeña edición de Reclam que tienen allí mismo en el teatro a la venta junto al resto de libros y estudios de Ibsen. Mein Volksfeind wurde von Christel Hildebrandt übersetzt, y quiero empezar a leerlo hoy mismo.


Ya ya, esto de la entrevista con el actor embarrado es marca de la casa. Recordamos el Hamlet. Pero a diferencia de la versión de Shakespeare, que también realizó Thomas Ostermeier, la versión de Ibsen es floja, ñoña e increíblemente aburrida. Como el texto es una bomba, un preciso mecanismo lleno de intención y sentido social, resulta aún más sorprendente que nada encaje en lo que vi ayer. Mi postura en el teatro alemán es bastante particular porque aunque conozco los textos no puedo seguir palabra por palabra la obra, así que miro el resto del teatro como un niño que aún no entiende del todo, o entiende el significado general pero no las sutilezas.
Actuaciones torpes cuando no directamente amateurs, dirección de actores sin gracia, adaptación con lagunas que deja escenas sueltas y sin sentido, escenografía y vestuario vulgares, intervenciones sobre la decoración sin ningún sentido, música... odio el pop chusco del teatro moderno. En fin, una decepción. Pero la obra tiene media hora gloriosa y esa media hora es la que queda en el recuerdo. El Dr. Stockmann denuncia ante el pueblo que el agua de los Baños que suponen la riqueza del pueblo están envenenada. Su propio hermano, político profesional, y el resto de poderes contraatacan con buenas dosis de demagogia. Este es el debate, ¿a qué llamamos bien común? ¿cuál es el interés principal, la economía, la salud, la verdad, el enmascaramiento? Entonces el patio de butacas se ilumina y se pide al público que participe. Y esto para mí fue emocionante, aun sin entender porque escuchar una voz que se alza entre la gente y luego otra, es una verdadera lección de asamblea, de democracia, de que la vieja nueva Europa aun tiene algo justo que decir. Ibsen es una flecha lanzada por los griegos.

domingo, 24 de febrero de 2013

Lo verdadero y lo verosímil, 3:
cosas de artista


En 1961 el artista italiano Piero Manzoni puso a la venta noventa latas firmadas y autentificadas por él a precio de oro, en las que se indicaba que contenía 30 g de mierda de artista conservada al natural. Sabemos que agotó la tirada, y que sigue revalorizándose. Hace seis años se remató una de ellas en Sotheby's en más de 100.000 euros.
Más allá del significado de esta irreverencia al mundo, nos preguntamos si efectivamente Manzoni da lo que promete o si contiene yeso, como dijo un compañero suyo hace unos años. No tengo noticia de que nadie que la haya abierto haya revelado su contenido. Lógico, imagino que si alguien paga ese altísimo precio no es para pinchar la pelota. Nunca se sabe si uno se verá avocado a deshacerse de su jugoso patrimonio en momentos de vacas flacas. Así que para que el juego continúe, como en la paradoja de Schrödinger, pensaremos que hay mierda y yeso a la vez. Curiosamente, eso mismo es lo que me pregunto cuando leo/oigo/veo a ciertas personas expresándose en los medios de comunicación: ¿qué tendrán en la cabeza mierda, yeso o ambas cosas?

miércoles, 13 de febrero de 2013

Love me Tonight (in Paris)

Love me tonight, Rouben Mamoulian (1932).

viernes, 8 de febrero de 2013

El milagro de la milla como un espejo


"El milagro de la milla" o "La milla perfecta", la carrera de 1954 que corrieron Bannister y Landy, por Inglaterra y Australia respectivamente, por debajo de los cuatro minutos es un hito en el atletismo anglosajón, una de esas leyendas que parece que sólo ellos pueden crear y sostener en el tiempo. Hoy día correr la milla, 1.609 metros, se hace sobre todo en circuitos urbanos como un espectáculo más dentro de la feria continua en la que se han convertido las ciudades. Oficialmente la carrera de la milla fue sustituida por los 1.500 metros que es la distancia que se corre en pista. Hablamos de tradiciones. A todos parecen gustarnos las tradiciones, las familiares, las de nuestras ciudades, las de nuestros países, pero no es "gustar" el verbo, ya sé. Sin embargo cuando un país, o una familia carece de tradiciones, se añoran. Se envidia entonces a otros pueblos cuya forma de vida parece asentarse sobre esas fechas o esos hechos que se rememoran y celebran.
Es solo una carrera de cuatro minutos, pero eso sí, una bonita carrera, con emoción, con potencia, con generosidad en el esfuerzo, con sorpresa final y desmayo. Fue una fiesta en su momento, pero fue sobre todo algo para recordar, algo para contar, para que las nuevas generaciones escuchasen el relato y, al final, fuese una piedra más en el muro de civilización que cada sociedad construye con los medios más o menos rudimentarios que tiene a mano. Por otra parte la tradición es una raya en el suelo; marca un territorio de entendimiento; más allá de esa raya nadie entiende de qué hablamos o puede entenderlo pero no sentirlo como propio. Cerca de casa hay una especie de orden militar que dice datar del 1380, ahí veo a veces a través de la ventana a los alemanes de mediana edad que forman parte de la junta directiva, llevan un gran medallón en forma de cruz y alguna vez que he pasado por allí los veo levantar el brazo, como votando la resolución del día que, me imagino, serán decisiones del tipo: admitimos a tal o cual en la orden; este año nuestro traje de época será jubón gualdiceleste y gregüesco con acuchillados rojos y los sombreros no llevarán pluma. Todo esto se desarrolla en unos salones forrados de madera y plagado de grabados de soldados con grandes bigotes, lanzas en mano y morriones, esos cascos que Castilla puso de moda por toda Europa. Pero dejemos el estilismo militar. Ese tipo de reuniones, lo digo por experiencia, es algo muy parecido a lo que hacen las Hermandades andaluzas: un buen nombre, una insignia, y decisiones poco trascendentes, o sea, una tradición. Pero hay más, hay un consenso, y sólo eso puede hacer grande algo. No es sólo que el pueblo o la familia acepte que aquello es un gran evento. Hace falta una gran maquinaria: necesitamos entrenadores, pistas, jueces, necesitamos a la prensa, necesitamos los negocios, el oro, las palomitas, las banderas, la pistola de salida y también la banda de cornetas, las mantillas, la tv retransmitiendo en directo para España y toda Hispanoamérica, los cirios, los bocadillos, o necesitamos a la madre haciendo el plato especial, a los sobrinos con gorritos de marinero y las viejas canciones de un primo de tu padre que no se sabe muy bien por qué siempre aparece con la guitarra. Al final, correr en menos de cuatro minutos una distancia, o que un Cristo vista con túnica blanca o morada, o asistir a esa reunión familiar se convierte en una cuestión de identidad. Todos miramos, es un espejo que nos refleja en la multitud.