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viernes, 1 de marzo de 2013

"Ein Volksfeind" de H. Ibsen en la Schaubühne de Berlin


Había comprado las entradas hace más de un mes, en la última fila, siete euros, porque las obras que se reponen con subtítulos en inglés se agotan siempre muy rápido, a pesar de lo cual la Schaubühne sigue programando poco con subtítulos algo que entiendo como un voto de confianza en la capacidad de aprender alemán de los pobres extranjeros que andamos por aquí. La intención es buena. Pero estamos en Deutschland, Berlin, Charlottenburg, Kurfürstendamm, y representan "Un enemigo del pueblo". Compro antes de entrar la pequeña edición de Reclam que tienen allí mismo en el teatro a la venta junto al resto de libros y estudios de Ibsen. Mein Volksfeind wurde von Christel Hildebrandt übersetzt, y quiero empezar a leerlo hoy mismo.


Ya ya, esto de la entrevista con el actor embarrado es marca de la casa. Recordamos el Hamlet. Pero a diferencia de la versión de Shakespeare, que también realizó Thomas Ostermeier, la versión de Ibsen es floja, ñoña e increíblemente aburrida. Como el texto es una bomba, un preciso mecanismo lleno de intención y sentido social, resulta aún más sorprendente que nada encaje en lo que vi ayer. Mi postura en el teatro alemán es bastante particular porque aunque conozco los textos no puedo seguir palabra por palabra la obra, así que miro el resto del teatro como un niño que aún no entiende del todo, o entiende el significado general pero no las sutilezas.
Actuaciones torpes cuando no directamente amateurs, dirección de actores sin gracia, adaptación con lagunas que deja escenas sueltas y sin sentido, escenografía y vestuario vulgares, intervenciones sobre la decoración sin ningún sentido, música... odio el pop chusco del teatro moderno. En fin, una decepción. Pero la obra tiene media hora gloriosa y esa media hora es la que queda en el recuerdo. El Dr. Stockmann denuncia ante el pueblo que el agua de los Baños que suponen la riqueza del pueblo están envenenada. Su propio hermano, político profesional, y el resto de poderes contraatacan con buenas dosis de demagogia. Este es el debate, ¿a qué llamamos bien común? ¿cuál es el interés principal, la economía, la salud, la verdad, el enmascaramiento? Entonces el patio de butacas se ilumina y se pide al público que participe. Y esto para mí fue emocionante, aun sin entender porque escuchar una voz que se alza entre la gente y luego otra, es una verdadera lección de asamblea, de democracia, de que la vieja nueva Europa aun tiene algo justo que decir. Ibsen es una flecha lanzada por los griegos.

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